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Louis-Joseph Lebret (2)

Louis-Joseph Lebret, una vida al servicio de los hombres

 

Lebret puso al servicio de los hombres su sentido de la observación, su extraordinaria memoria, su incansable energía a pesar su enfermedad, su vivacidad de espíritu, su sed de incluir y actuar que lo condujo de las cuatro esquinas de Bretaña a las cuatro esquinas del mundo y, sobre todo, su sensibilidad y su espiritualidad que lo hacía indignarse y buscar respuestas a las injusticias y a las miserias que encontraba.

 

Dos rasgos de su carácter

 

Su carisma y la exigencia de sus objetivos hacían de él un instructor de hombres al servicio de las causas que tenía en su corazón: “Cuídate de este monje, te va a embarcar”1 le decía la Sra. Lamort2 a su marido antes de que ambos se incorporasen a la cruzada de Lebret por los pescadores bretones. François Malley, que informa de esta advertencia, añade: “El P. Lebret fue un despertador de vocaciones. Su vida, en primer lugar, era un llamado, y luego tenía una manera propia de hablar del mundo, de los hombres, de la necesidad de justicia y amor y uno se sentía naturalmente llamado a seguirlo y hacer equipo con él”3.

De allí nacían amistades a las cuales Lebret siempre fue fiel, incluso cuando debió separarse de alguno que no entraba en el juego de equipo, que “no daba la talla”, que se negaba a comprometerse, que difería sobre las prioridades o las elecciones, ya que era necesario salvar ante todo la obra emprendida. “La adhesión al objetivo le hizo tomar decisiones que pudieron herir sentimientos de personas. Decisiones impuestas por “la coyuntura social, religiosa o financiera”4. Lebret reconocía que “es necesario tener el valor de romper corazones”.

 


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Dernière modification : 07/03/2018